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Cocinar con flores no es algo novedoso, aunque hay quien lo atribuye a la nueva cocina y las corrientes vanguardistas, no hay más que comprobar los recetarios ancestrales de los cinco continentes.

 

En la cocina andalusí y en los manuales de los cocineros de los reyes españoles de los siglos XVI y XVII, su utilización era algo habitual. También eran utilizadas en la antigüedad, en la cocina romana, griega o hindu. En la época clásica se preparaban las ambrosias más sabrosas a base de pétalos de rosa, aromas de violeta y salsas de alazor. 

 

La cocina china también experimenta sus platos con la flor de loto, magnolia y jazmín. En la japonesa, es el crisantemo el que tiene un lugar de honor y en el oriente medio, la rosa y el naranjo.

 

Las flores que siempre han formado parte de las dietas de los peruanos, aunque muchos no nos demos cuenta son la alcachofa, la coliflor, el brócoli, clavo de olor y el azafrán.

 

Lo habitual desde el punto de vista gastronómico es que esta nueva práctica es culinaria, es que se emplea más como guarnición o acompañamiento de carnes o pescados que como plato único. Además de aportar a los platos un toque de distinción de color y fragancia, también aportan una fuente rica en vitaminas, minerales, proteínas, grasas, almidones y aminoácidos muy beneficiosos para el organismo.

 

Existen flores que se beben y flores que se comen, que se utilizan tanto en entrantes como en postres. Debemos de tener en cuenta que no se puede comer cualquier flor del jardín, porque hay muchas que son realmente toxicas y las que se compran en las florerías pueden contener pesticidas o fertilizantes, por lo que lo ideal es consumir las flores identificas cuya procedencia sea fiable, bien de supermercados o si se dispone de tiempo y un poco de paciencia cultivarlas por nosotros mismos.

 

Los consejos más importantes para poder prepararlas son:

1)      Realzar el sabor del alimento sin taparlo

2)      Cortarlas por la mañana, antes que el sol este alto

3)      Escoger que estén en perfecto estado y las de mejor olor

4)      Desechas los pistilos y la base blanca de los pétalos porque suelen tener un sabor amargo.

5)      Antes de usarlas hay que lavarlas bien con agua de preferencia fresca y con mucho cuidado para no quitar los pétalos

6)      Una vez secas, colgarlas para que se escurran

7)      No pueden conservarse  porque rápidamente pierden sus propiedades, lo ideal es recogerlas durante el día y solo la cantidad que se vaya a usar.

8)      Colocarlas en el refrigerador las conservara frescas durante una semana.